06.04.2020

Reflexiones en tiempos del Covid 19: Desde la frontera

Compartimos un artículo escrito por Santiago Elisio, Doctor en Ciencias Exactas y docente de la Universidad Nacional de Río Negro, que plantea algunas pistas para pensar al extractivismo en los tiempos la pandemia.

por Santiago Elisio

El sistema no para, sólo para la gente que le sobra al sistema. La economía real de los pueblos hoy para, la economía especulativa de muy pocos no para. La topadora no para, las maquinarias de la megaminería no paran, las fumigaciones no paran. ¿Y por qué lo harían? si no producen a demanda actual, tienen capacidad de acopio y espalda económica para esperar, forzar condiciones políticas y económicas, mejorar escenarios especulativos, y maximizar ganancias. Estos proyectos mega-extractivos, no paran, al contrario tienen la oportunidad de ejecutase sin conflictividad social, y con una seguera informativa monotemática.

Los tiempos muertos de la pandemia dan lugar también a la reingeniería de los territorios y los conflictos. Las fronteras se trasladan a la puerta de las casas, a la salida de los pueblos y ciudades, se profundizan las fronteras interprovinciales. Estos mapas pintados de líneas concéntricas en las personas son una oportunidad para rediseñar nuevas fronteras coloniales con criterios geopolíticos actualizados.   Son tiempos valiosos, donde las principales amenazas y obstáculos a la normal ejecución y desarrollo de estos proyectos están aisladas/os en sus casas. Quienes miraban y recorrían la montaña amenazada, el rio amenazado, el valle o el monte, hoy miran paredes, pantallas, y mastican miedos e incertidumbre.   

Ilustración de Rafa Crivaro

Los conflictos y contradicciones del sistema brotan del encuentro, del ejercicio de la comunidad y colectividad. Los conflictos por el agua, la tierra, los envenenamientos, el alimento y la contaminación, que hablan precisamente de salud, hoy son frenados en seco por “salud”.  No es saludable juntarse, reunirse, compartir, mirar la realidad de frente; ya no es posible dialogar con los gestos y sensibilidades que hacen al vínculo empático;  las caricias y abrazos quedan en el deseo, y el deseo prolongado desespera. Desespera reducir la  costumbre vertiginosa de la vida urbano moderna al “siempre la misma pared en casa”. ni hablar de quienes no tienen casa, o viven en asentamientos precarios, que se les dificulta el aislamiento, el aislamiento les impide trabajar, y se agudizan los miedos, a la enfermedad, y a no saber qué comer.

Esto no sucede de la misma forma en las zonas rurales, la vida continúa afuera de las casas, el trabajo se reinventa, el paisaje, y el recorrido cotidiano no cambia, cuanto mucho se sienten algunas restricciones para acercarse de vez en cuando al pueblo/ciudad, los encuentros y las visitas, y algunas dificultades comerciales. La realidad en los campos despoblados, de las casas tapiadas y abandonadas al arriendo tampoco cambia.

“Los animales vuelven a tomar las calles!, y las aguas se aclaran, el agujero de la capa de ozono se reduce y también la generación de GEI”, y es nuestra responsabilidad, por salir a trabajar, a encontrarnos, a movilizarnos, por salir a vivir de la manera que nos dijeron, y que no nos dijeron que vivamos, por salir a consumir esas cosas que no necesitamos; ¿es nuestra culpa?

La salud desde la soberanía de los cuerpos y territorios, se convierte en la salud del escucho y acato las nuevas directivas de una superestructura que supera a los mismos estados nacionales, que nos propone soñar con nuevos desarrollos biotecnológicos de medicamentos y vacunas, con nuevas formas tecnológicas de diagnóstico social inmediato, personalizado, (como Alemania, como Corea del Sur, como China), seguimos de cerca la competencia biotecnológica como un partido de fútbol.

La novedad, miedo e incertidumbre universalizada sobre la vida por el COVID19 es una gran oportunidad, mientras que las muertes por hambre, contaminación y otras enfermedades que se distribuyen selectivamente en las regiones más desprotegidas y saqueadas del planeta, no tienen importancia. ¿Qué sucedería si el mundo de repente se frenara para pensar el hambre, o el cáncer?, es probable que el sistema deje al desnudo sus responsabilidades, sus falsas soluciones, y quedaría sellada su crisis ético-moral necrófila y ecocida en cada mente de este planeta que se ponga a reflexionar un poco.

La bisabuela, el abuelo, y nuestras familias son generaciones en movimiento hacia las paredes de un laboratorio moderno; la urbanidad. El éxodo rural fue una tendencia  iniciada por la modernidad industrial y continuada por el mismo progreso modernizado en su fase mega-extractiva de despojo territorial. Hoy estamos ahí, en esta capsula/laboratorio de paredes y asfalto, cosmopolita, que rebalsa de naturaleza humana y creatividad, de memoria negada o sellada en el desarraigo histórico, que rebalsaba de conflictos y organización, hasta que llegó la inyección (orquestada o no) de una  nueva prueba de megaingeniería social.

Y sea lo que sea, el problema en este laboratorio sigue siendo epistemológico, y será inevitable que estos escenarios pensados y perpetrados con el afán del control positivista y determinista de la globalidad, se topen con las incertidumbres y complejidades que no contemplan sus variables, ni son pasibles de cuantificación. La naturaleza (también humana) diversa y negada, seguirá intentando ser controlada como hasta el momento, por formas sofisticadas de violencia que sellan una era de de conflictos permanentes, que perdurarán en el tiempo atravesando flujos y reflujos de manera heterogénea en las diferentes regiones, pero con una tendencia clara que converge en el reposicionamiento natural de la vida en sus diversas formas.

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